Guarura (Cuento)

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Sergio A. Vera Méndez

¡Nooo chaval! Ya no es como antes. Esos tiempos ya se fueron.
Antes era un honor, no cualquiera. Tenías que hacer tus meritos. Ora cualquier menso es “escolta”. Y antes… antes si valía la pena. Lo que gano orita como quesque Jefe de seguridad, me lo metía en un día nomas de propinas. No si eran otros tiempos. Te respetaban, te tenían miedo, nadie se metía contigo, porque así le iba, ya sabrás. No que ahora con la pinche legalidad y la chingada nomás nos pasaron a joder.

Mira, yo empezé de porro. Ya sabes, nunca la hice en la escuela, era bien güevón, entonces me juntaba con la pura banda y así de repente entré con los porros. La onda era madrearse a uno que otro alumno que anduviera de subversivo y mantener a los maestros a raya. El pinche director nos daba las cedulas de calificaciones llenas. El guey era bien puñal y le gustaba tener sus chavitos así que a esos ni los tocábamos. El comandante nos daba nuestra ordenes y nos tiraba onda de a quien cuidar o a quien había que darle su calentadita. Los chavos nos tenía miedo y pos cada vez que queríamos o necesitábamos lana les pasábamos la báscula y se tenían que caer con su entre. Aunque no te creas teníamos que andarnos con cuidado, varias veces nos toco bote por andar metidos en batallas campales. Nos mandaban a las manifestaciones, secuestrábamos un camión y órale a armar pedo. Provocábamos a quien estuviera, pintábamos los comercios, rompíamos vidrios, hacíamos lo que queríamos. Y pos también nos madreábamos al personal. A veces para provocarlos, nos torteabamos a sus chavas y entonces si empezaban los madrazos. Aunque no te creas había uno que otro grupo de esos comunistas bien organizado y esos sí estaban entrenados y sabían karate y esas mamadas.

Y ahí, cuando los putazos estaban en serio, llegaban los ojetes granaderos y agarraban parejo. Sabíamos que nos iban a soltar, pero de entrada te madreaban y luego te fichaban y te pasabas las 72 de rigor. Ya cuando podían ver que eras cuate, llegaba el comandante y nos sacaba.

Yo después de unos cinco años lidereaba mi grupito de porros, los traía al pedo, nada de pasarse de lanza ni nada de poderse motos ni pedos en horas de trabajo. Hicimos varios trabajos. Yo para esas épocas ya estaba güevoncito y como siempre fui grandote, me tenían un chingo de miedo. Nel hijo a los madrazos ni quien, eso si. Yo creo que por eso un día el comandante me mando llamar. Me quería reclutar con su gente, quería que fuera madrina, y como estaba grandote y tenía muy organizado al grupo, pos me llamó.Yo acepté luego, luego. Era como un ascenso, ya era estar con los meros chingones, aca de pinche judicial. Primero me asignaron con un sargento. El Bolas, le decían. Ese güey si era ojete y no mamadas. Eramos cuatro. El Bolas, el Pareja, que era el pareja del Bolas y todos le decían así y dos madrinas. Pepe y yo. El Pepe era calladito, no hablaba ni madres pero cuando había que madrearze a alguien, pos así calladito, llegaba repartiendo chingadazos. 

Entrando, entrando me dieron una fusca, yo ni sabía como usarla pero me la dieron, y me cambiaron el nombre, me dieron todo, liciencia, pasaporte, acta de nacimiento, cuenta de ahorros, todo; todo con un nuevo nombre, bueno y como desde siempre me decían el Mazacote, pos valía madres como me llamara. Y asi con el nuevo nombre ya no iba a tener antecendentes penales y nadie la iba a armar de pedo. Además, a güevo, me dieron una pinche charolota.

Y pos nos dedicabamos a perseguir cabrones. Ya sabras, ladrones, violadores, asesinos, narcos, lo que fuera. El pinche Bolas era bien ojo, cada vez que agarrabamos a alguien, ese cabrón lo interrogaba, no mames, les ponía unas cabronizas que no veas y lo mas cagado es que no les dejaba ni una pinche huella. Puta!, que no hubiera una vieja sospechosa, por que pobre de ella. Este güey le hacía confesar lo que fuera. A nosotros dos, Pepe y yo, nos tenía nomás de mirones, ese güey hacía toda la pinche chamba dura.Y claro siempre había manera de agarrar feria de donde fuera, el Bolas se tenía que mochar con el comandante y el comandante con el jefe y el jefe con el de arriba y así. Teníamos nuestros clientes: Padrotes, traficantes, ladroncitos, ladronzotes, putas; güeyes que estaban fuera del bote, que se tenían que caer con su moche pa’ no andarlos regresando. De todo. Esa era nuestra chamba, ir a recoger la lana de estos cabrones, y si no la tenían, pos ponerles un par de cabronazos y darles su pinche recordadita. Y pos todos terminaban cayéndose con su cuerno. Y cuando no alcanzaba, pos nos agarrabamos a “unos sospechosos”, quien fuera y les sacabamos una feria, de preferencia alguna parejita pa’ asustarlos a gusto.
En una de esas un güey se puso medio pendejo y lo madreamos de más, se quedo ahí bien frío. Salimos pitando y no hubo pedo. Ahí fué cuando al Pepe y a mi la vimos gruesa y se nos ocurrio hacernos de otra pinche “personalidad”. Fuimos con el comandante y nos consiguió otro juego de documentos. Éste lo guarde debajo del pinche colchón. No sé, sabía que me iban a servir después.

Y después, yo ya tenía organizada la vida. Tenía lana, hacía lo que quería y tenía asegurada la chamba en la dependencia, en un año o menos me iban a hacer agente, nomas tenía que ir al pinche curso mamón, quesque ya lo habían echo obligatorio, y ya. Todo pintaba chido. Aunque nunca falte ¿verdad? chaval. Había güeyes bien cabrones que no eran ninguna perita en dulce. Hubo un par de balaceras cabronas. En una de esas se echaron al Pareja.

Un pinche balazo entre ceja, oreja y madre. El pendejo se cubría detrás de un coche y no vio que de un lado un cabrón se lo venadeo, la bala le dió en plena jeta, nomás voltió y ¡madres!. Yo estaba detras de él y me cayo encima, la sangre y los sesos me cayeron por todos lados. Chale, estuvo cabrón. Yo nomás ví al pendejo que disparo y me le fuí encima con la pinche recortada, el güey era un chamaco de unos 19 años, así como tú y se asustó de lo que había echo al chingarse al Pareja, cuando me vió venir no supo que hacer y nomás salio pa’ atras de dos pinches escopetazos. Pinche puto.

Ahí quedo el Pareja. El pinche Bolas no se la acababa. Hasta lloró el cabrón. Pero ahí no quedó el pedo. Ahí estuvo la chingadera. Fuimos tras ellos. Agarramos como a quince cabrones, nomás pa’ sacar información. Finalmente un par de güeyes cantaron. Al final resultó que era una pinche bandita de Sinaloa, y nos valió madres. Los agarramos y el pinche Bolas los estuvo madreando por días, ya nomás de ojete. Los quería hacer sufrir por echarse a su Pareja. Cuando ya se quebraron los fuimos a dejar lejos, allá por un pinche río por Tula, pa’ que no hubiera pedo. Pero al final cayó pedo. Resultó que eran de la banda del gobernador de Sinaloa, eran su pinche gente. Narcos que hacían negocio acá. Y que se nos arma un pedote.

Mandó a la prensa y localizó los pinches cadaveres. Valió madres. Andaban metiendo al bote al pinche Bolas y andaba escondido. Al Pepe y a mi nos congelaron un rato. Yo tuve que dedicarme a cobrar la feria del Bolas por mi lado y a escondidas. Nos repartíamos la poca lana esperando que se olvidara el pedo. Pero el comandante nos hizo fuerte. Al Bolas lo mando a Quintana Roo donde nadie lo conocía. El pinche Pepe andaba bien enculado con una puta que era de un padrote cliente nuestro. Y que se la lleva y pusieron una taquería. Al güey le va de poca madre, es esa donde fuimos el otro día. Ahí cuando quieras dile que vas de mi parte y ni te van a cobrar, yo no voy muy seguido por que nunca me quiere cobrar y no me late ese pedo.

Y a mí me fue de poca madres. El pinche comandante se fue de jefe de seguridad de no sé que pedo, que controlaba la seguridad personal de los pinches funcionarios. Me mando llamar y me volví “guarura” de profesión. Y era de poca madre. No hacíamos nada. La chamba era choferear a un pinche secretario o subsecretario o la chingada y mandaban a dos coches llenos de colegas, a abrirle paso y a quitarle el tráfico de encima. A unos cabrones les asignaban a los hijos y las señoras de los gallones. Pinches niñitos y niñitas bien que se sentían soñados con sus guardaespaldas. Eso si era de güeva. Eramos como choferes con permiso para madrearse gente. Pero eso si, nos daban harta lana quesque para gastos, hasta pinches vales del super nos regalaban.

A mi me latió un chingo, mas que andar rifándomela a balazos. Ibamos a donde fuera, con fusca y todo y ni quien nos la armara de clamor. Yo y unos güeyes nos ibamos al putero y el chupe nos lo daban gratis, yo a las putas si les pagaba, se lo ganaban, otros cabrones ni eso. Y a ver ¿Quien chingaos nos iba a decir algo? Oficialmente eramos tiras, teníamos charola y todo. ¿Que pedo? No chaval ahí sí me la pase de poca madre, sin pedos, sin peligros. ¿Quien se iba a meter con un secretario? Le hubiera tocado una super-chinga. Ibamos dos y hasta tres carros escoltando. Imagínate se acercaban y no lo contaban.

Teníamos un chingo de horas muertas, no hacíamos nada, nos pagaban un chingo, nos daban propinas, había chupe, mota, o lo que fuera. Había un pinche escuincle, creo que era hijo del de un Banco o de alguien de Hacienda, no me acuerdo. Ese güey nos compraba un chingo de mota y coca, que luego el revendía con sus cuates. Conseguíamos putas y chavos a los patrones, según el gusto y de ahí sacabamos la comisión. Conseguíamos todo. Y de todo cobrábamos. Hasta por unas tortas nos daban una propinota.

La neta chaval, de poca madre. Yo hasta me conseguí una vieja y hasta me casé. Había chamba, lana y no había peligros, no había pedo.

Mi vieja, pobre, ella sí que la sufrió. Digo no por mi, sino por lo que pasó después. Digo yo no era un dechado de virtudes, pero la quería bien. Le tuve que poner sus madrazos de repente, pero eso a todas las viejas. Digo, se pasan de lanza. Pero la neta que si la quería un chingo. Y mi chilpayate. Quién sabe donde ande. Después del problema, mi vieja me dijo que nunca mas lo iba a ver. Y se fué. Un día de visita conyugal fué, me dijo eso y se pelo.

No la he vuelto a ver, ni a buscar. ¿Pa’ qué?. No quiero causarle pedos a mi chamaco, mejor que crea que su padre esta muerto. Pero ya ni te dije por que, ¿verdad chaval?.

No, cabrón. Nos la estabamos pasando de poca madre, de repente nos asignan a cuidar a un pinche secretario, creo que de Comunicaciones, la neta no me acuerdo ni del pinche nombre, nunca fuí bueno para eso, además me valía madres, esa no era mi chamba. La onda era escoltarlo hasta la casa de otro cabrón. Todos los viernes. Quesque reuniones de trabajo. La neta es que eran orgía de putos. Todos eran bien puñales. Y ahí lo dejábamos hasta que nos radiaban por ahí de las cuatro o cinco de la mañana. Llegábamos a las diez, once y nos teníamos que esperar un chingo de horas. Éramos un buen de cabrones, dos coches, el chofer y la escolta personal, unos siete, ocho a veces más, cada viernes. Al principio sacábamos la mota, el chupe y nos poníamos a pasar el tiempo.

Luego llego el Charrasco. Ese cabrón. Causó todo el desmadre. Era un pinche agente cuate del comandante. Era el único agente, agente. Todos los demás a lo mucho, como yo, habían sido madrinas. Este güey era agente, se metió en un pedo y el comandante lo mando para acá. Lo mandaron una noche con nosotros y le latió, así que pidió que siempre lo mandaran. El güey luego, luego empezó a organizar el asunto. Primero nos quedábamos afuera de la casa de este cabrón, adonde llevábamos al secretario. Pero nomás llego este cabrón y sacaba la grabadora y la baraja y empezaba el desmadre. Pos nos prohibieron quedarnos ahí. Nos fuimos atrás de la alberca olímpica y estábamos a cinco minutos de la casa de este señor. Ahí se le ocurrió una vez parar a unos chamacos.

Les bajo una feria. Después se volvio costumbre. Parábamos a cualquier persona, de preferencia, parejas. si no traían lana, los llevábamos al cajero y se caían con la lana. Apenas salía pa’l chupe y pa los chicles, eramos un chingo. Y este cabrón nomás lo hacía por chingar. Hasta una noche. El pinche Charrasco detuvo a una parejita, chavos, diecinueve, veinte años. Niños bien, bueno decentones, tipo Del Valle. Y la niña estaba chulísima. El Charrasco no se aguantó. Les dimos su basculeada en el cajero y nos los llevamos atrás de la alberca. Éste cabrón encuajeló al chavo en su coche. Y se metió a la chavita en el cochesote del secretario. Y le dió pa´sus tunas. Y luego pos hicimos fila. Y nos la cogimos todos. La verdad nunca había echo eso, pero seguro se la estaba cogiendo su novio así que no iba a perder mucho. La neta me valió madres y a todos, estaba bien chula la escuincla y a la chingada. Luego como ya sabíamos donde vivían los amenazamos de que si decían algo se morían y fin del asunto. ¿Que nos iban a hacer?

Nosotros madreábamos, asaltábamos, violábamos. ¡Nos la pelaban! Éramos la escolta de un secretario, ¿que pedo? Pos así nos la llevamos, como cada quince días primero, para no armar pancho, después era todos los viernes, asaltabamos varios, hasta encontrar una parejita que nos convenciera. Tenía que ser parejita, pues las chavas no andaban solas por la noche. Un día nos chingamos a dos parejitas, bueno a dos chavitas y encuajelamos a sus chavos. Yo la neta creo que a algunas les gustaba. Con una chavita un día si nos pasamos, se corrió la voz y llegaron como quince cabrones a la pachanga. Pobre chava. Pos ahí seguimos un rato no sé, yo creo que fueron unas quince chavas.

De repente: ¡madres! que nos denuncian. No una , ni dos. Nueve pinches viejas levantaron una acta. Puta madre. No sé si oiste el desmadre no fué hace mucho. Puta madre. Y que nos apañan. A todos menos al pinche Charrasco. Ese güey era el organizador del desmadre y no le hicieron nada. Como era agente. Y al pinche comandante, tampoco. Y el pinche secretario se hizo pendejo. Con tal de que no se supieran sus orgías de putos, se hizo pendejo y dejo que nos entambaran.

Valió madres chaval. Quince años. Por violación con agravantes, tumultaria y asalto. No mámes. Cinco cabrones nos fuimos al fresco. El pinche Charrasco regresó a la fuerza pública y ni quien chingaos le dijera nada. Y nosotros al pinche bote. Y las pinches viejas siguieron chingando, pero no pudieron meter a nadie más.

Al final me quede ocho años. Ocho años, dos meses, doce días. Ocho pinches años, vale madres. Ahí fue cuando mi vieja fue a verme, ella pensó, yo también que me iba a quedar, quince años. Y la neta fué idea mía. Yo le dije, que se fuera de la ciudad, tenía unos parientes en Veracruz. Nunca la busqué. Mi chamaco ha de tener 15 años orita. Pa’ que le muevo el tapete. Mejor pa’ que estudie, se vuelva alguien decente, no como yo que era un güevon.

Pos ocho años chaval. Pero no te creas no estuvieron tan mal. Nos pusieron juntos al principio, después mandaron a dos a otro penal. Seguro que haz de haber oído eso de que se cogen a los violadores ahí dentro. Pos no falto quien quizo entrarle. Pero cuando vieron quienes y cuantos eramos, nomás salieron corriendo. Ahí aprendí chaval. No te creas, aprendí a no meterme en pedos. Con todo y todo había cabrones que no se andaban con mamadas. Cualquier chico rato y te ensartaban un fierro. Así que me la lleve leve.

Limpio. Sin drogas, ni pedos. Hasta la pinche prepa terminé. Valió madres, con lo del cambio de nombre pero me la chingé y lo bailado ni quien. Igual hasta revalido y me la pelan, pero tampoco tiene ni caso.

Y luego salí. Y no sabía hacer nada, mas que madrear gente. Busqué al comandante y ya se había retirado. Le dio una pinche embolia y ni se acordaba de mi. Hasta busqué al Charrasco. Al güey se lo habían echado. Así a mansalva. En un restaurant. Pa’ mi que fué uno de los papás de las chavas, le pago a alguién y fin del asunto. Me fuí a provincia, a Colima. Con los papeles aquellos que saqué. Por lo menos estaba limpio, no tenía ni primaria ni secundaria, pero chambeando compré unos certificados, acá en la capirucha y conseguí chamba en seguridad allá. En una discoteque, hazme favor. Después me cagó y me regresé al DF. Y aquí estoy haciendole la seguridad a este cabrón, para ver si no se lo andan secuestrando.

Te digo chaval. Eran otros tiempos. Antes ni quien se nos acercara. Ora sí cuidamos a este güey. Coche blindado y la chingada. Cualquier chico rato nos tenemos que agarrar a balazos con alguna banda de secuestradores. Y todo por un pinche sueldo culero.
No chaval, ora cualquiera, mirate tu, estas aqui conmigo. Y no deberías, me cae. No deberías andar con alguien como yo.
No, ya no es como antes.

 

Sergio A. Vera Méndez
Julio 2000.

 

De salida.- Cómo algunos sabrán Manchate.com fue un proyecto web e impreso de principios de siglo, muchos textos estaban encerrados un disco duro hasta el día que hoy. Ahora podrán leer algunas cosas muy buenas, las cosas muy malas seguirán enlatadas. Cuentos, ensayos y demás moles y mancha manteles. Primero comenzamos con los atemporales cuentos. ¿Va?

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16 thoughts on “Guarura (Cuento)

  1. GATOMX

    Es enserio señor Mendoza, me recordo aquellos tiempos donde la palabra de una madrina era por demas ley. Sigue pero ahora la mayoria anda con el culo en la mano.

  2. jorge quiroz

    la verdad muy buena es un excelente retrato de la tranza y el desmadre que se maneja en el pais de no pasa nada

    muy bueno

    sigue asi

    nos vemos

  3. Afrodita

    Órale, súper chingón. Excelente manejo del tiempo, del lenguaje…sí promete el chavo, jajajaja

  4. elkike

    Excelente cuento, lleno de detalles y muy clara narracion, felicidades, ojala haya mas de este tipo.

    Saludos

  5. Me gusto el cuento, el unico pero que le doy es con el fondo, la verdad si estuvo bastante castigador leer letras blancas con un fondo rojo. Manchate, no sería bueno tener una combinación de colores menos chingaretinas, despues de haber leído este relato me cambie a una pestaña con google, el efecto fue terrible.

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